Debates:

Declaración Pública

Por: Orlando Acosta
Representante Profesoral ante el CSU
Bogotá, 26 de octubre de 2004

 

Doctor

MARCO PALACIOS ROZO

Rector

HONORABLES MIEMBROS

Consejo Superior Universitario

Universidad Nacional de Colombia

 

La representación profesoral ante el Consejo Superior Universitario expresa en forma pública, y en entera concordancia con su guía programática, su reconocimiento de la   inocultable e inevitable realidad de los urgentes e inaplazables cambios que la actual economía global del conocimiento está exigiendo, dirigidos a la modernización y la dinamización de nuestro sistema de educación superior, el cual ha sido calificado por los expertos como subdesarrollado y rezagado, aun dentro del concierto latinoamericano. De la misma manera, la representación profesoral expresa su compromiso con la educación superior pública, la cual, en sus componentes investigativo y educativo, es un prerrequisito absoluto e irreductible en su contribución a la tarea de cerrar la brecha entre la pobreza y la riqueza, entre la ignorancia y el conocimiento, entre el atraso y el progreso. La oposición a los cambios académicos que la historia exige, con el argumento de que una sociedad basada en el conocimiento responde al interés neoliberal, anticipa desde ya la profundización de la subordinación y la asimetría frente al mundo desarrollado. En efecto, debemos reconocer y recordar que la urgente renovación académica de la Universidad Nacional, fue preocupación central en los programas presentados por los candidatos a la rectoría que integraron la terna a partir de la cual resultó designado el actual rector. El proceso de crecimiento del conocimiento siempre ha estado íntimamente ligado a la naturaleza del sistema capitalista, a su estructura, a funcionamiento y a sus instituciones. Oponerse a la construcción de una universidad de investigación con el argumento de que esta contribuiría a la instauración de una sociedad basada en el conocimiento y a la promoción del desarrollo del capitalismo, es la posición más reaccionaría y antinacional; la oposición al desarrollo del capitalismo nacional, a la creación de las bases materiales de la socialización de la riqueza, es reaccionaria antes que revolucionaria, es pre-moderna, es primitiva.

Frente a la afirmación del rector con relación a la Universidad Nacional, de que sobre esta se dice que es una universidad revolucionaria, de izquierda, pero que en el fondo es la más tradicional y conservadora, es decir la más reaccionaria al cambio, se debe resaltar, al menos, que esta afirmación es incompleta y parcializada. También debió el rector agregar, en aras de conservar su consistencia, que el gobierno nacional no ha sido menos reaccionario al cambio y la modernización de la educación superior. El menos interesado en la construcción de una universidad de investigación, de una Colombia basada en el conocimiento, es el gobierno nacional. Su consigna de hacer más con lo mismo o con menos, es demostrativa de su talante precapitalista, talante este ya descrito en forma muy gráfica e ilustrativa por el mismo rector, cuando de manera anticipada señaló al presidente de los colombianos como "un presidente de a caballo". De una parte, la defensa de una universidad centrada en la docencia de pregrado, la condena de la investigación, los postgrados y los doctores y la utilización de la universidad como un espacio para la politiquería, y de otra parte, la visión precapitalista y "de a caballo" del gobierno nacional que no esta dispuesto a invertir en la universidad pública, se conjugan para configurar el más nocivo obstáculo en la generación   del conocimiento, fundamento del progreso y la civilización humana. Es así como la tan publicitada y revolucionaria universidad de investigación terminó en un Plan Global de Desarrollo edificado sobre la alfabetización de los profesores de nuestras costas, la educación continuada y los diplomados y los contratos para "dictar" postgrados. Es bien conocido que universidades muy prestigiosas ofrecen programas de educación continuada y diplomados, pero también es cierto que su alta demanda o clientela por este tipo de programas reside en el prestigio y en el capital cultural y social construido por la investigación en la frontera del conocimiento que se realiza en sus programas presenciales de doctorado. No se conoce universidad de investigación que haya construido su prestigio mercantilizando diplomados. Con diplomados donde no se genera conocimiento innovador, no se construirá sociedad del conocimiento ni se generarán los recursos financieros necesarios para posibilitarla. Si esa fuera la vía, las universidades de "garaje" que mercantilizan ese tipo de credenciales académicas, desde hace mucho tiempo hubieran construido la Colombia del conocimiento.

En materia de poder, jerarquía y democracia, es evidente que la universidad siempre ha sido una institución jerárquica dotada de organismos o cuerpos de poder   o de gobierno con capacidad para ejercer control. Los profesores mismos se encuentran estratificados por categorías, títulos académicos, tipos de vinculación y dedicación, desigualdades estas legitimadas en un estatuto o en un decreto. Como acontece   regularmente en toda estructura piramidal de poder, en el sistema   jerárquico de la universidad, las personas ejercen su poder no en atención al talento personal que puedan   poseer, sino en virtud de la posición que ocupan, es decir, en virtud de la investidura que el cargo les confiere. El control ejercido por los funcionarios en las posiciones de poder sobre los recursos, la aprobación de normas o la provisión de cargos, ha impactado las actividades, las iniciativas y la vida de muchos profesores, produciendo en estos efectos que se extienden desde el conformismo hasta la frustración. El sistema jerárquico tradicional de las universidades parece oponerse a muchos de los ideales de la educación superior. Tal sistema se contrapone al concepto de igualdad intelectual, infravalorando y   desconociendo las capacidades de muchos de los académicos. Aunque la misión institucional de la educación superior incorpora universalmente el propósito de formar ciudadanos libres, democráticos y críticos, la democracia en las universidades, con relación al poder o gobierno académico, no se extiende, como en el caso de la Universidad Nacional, más allá del reconocimiento del derecho de los profesores y estudiantes a elegir sus representantes a varios de los organismos de poder de la universidad y de   las consultas para la designación de rector, decanos, directores de instituto y de departamento. No obstante, el resultado del mecanismo de la consulta en su significado político, de poder, no siempre ha coincidido con la expresión mayoritaria de los consultados. A nombre de la institucionalidad, todas las administraciones, sin excepción, han impuesto, en no pocas ocasiones, decisiones autocráticas y dictatoriales que han afectado la carrera y los intereses académicos de muchos. A pesar de que la referida jerarquía de las instituciones académicas ha sido desafiada por profesores y estudiantes en muchos países, ésta permanece esencialmente incólume. Las impugnaciones en general no han tenido más efecto que lograr el reemplazo de una elite por otra, la cual,   una vez hace su ingreso al sistema jerárquico de poder, lo preserva, lo pone a su servicio y aspira a perpetuarlo, con todos sus vicios y virtudes.

En este mismo contexto, ante la percepción de muchos profesores acerca de las propuestas rectorales de reforma académica y estatutaria, la representación profesoral ante el CSU no puede menos que manifestar que no obstante la necesidad de ellas, cualquier iniciativa de reforma académica, por civilizadora o revolucionaria que parezca o que pretenda ser, no puede ser impuesta a sangre y fuego. No son pocos los profesores quienes señalan que los métodos dictatoriales y autocráticos, así tengan como fin "arrastrar a la corriente de la civilización" académica al conjunto de la comunidad universitaria, son ajenos al quehacer intelectual. A pesar de que la Vicerrectoría Académica ha estado discutiendo en las facultades con los profesores el proyecto de reforma de estatuto de personal académico, continúan las dudas acerca de si   las numerosas observaciones hechas por los profesores van a ser tenidas en cuenta. Cualquier reforma académica debe ir precedida de la más amplia y desprejuiciada de las discusiones, frente a referentes internacionales, regionales y nacionales. Debe proscribirse la concepción de que la gran mayoría de nuestros profesores por carecer del titulo de doctorado, por haber, muchos de ellos, nacido, crecido y reproducido intelectualmente en el marco de nuestro tradicional y atrasado sistema de educación superior, necesariamente van a asumir un comportamiento reaccionario al cambio académico. Se debe asumir un compromiso constructivo fundamentado en la argumentación y la persuasión intelectual antes que en la confrontación irracional y apasionada. Al estilo rectoral, cualquiera que este sea, no se le debe contraponer la agresión física, el vejamen o las acciones totalitarias y fascistas. Sin el compromiso decidido de los profesores, cualquier reforma académica estará condenada al más estruendoso fracaso, como también cualquiera de sus componentes que requiera recursos adicionales de inversión.

Las afirmaciones indiscriminadas recientes del rector en el periódico El Tiempo acerca de que la carga académica de los profesores es bajísima, que su producción investigativa no es la que debería ser, que son docentes que se están sirviendo de la institución, han causado malestar generalizado en el cuerpo profesoral. Se debe reconocer, sin embargo, que el capital intelectual representado en el cuerpo profesoral se encuentra subutilizado y maltratado en su capacidad creativa, carece de incentivos, es victima de la incertidumbre, la intranquilidad y la desesperanza, vive condiciones de vida relativamente deplorables. Sus salarios han sido congelados y reducidos en términos reales; sus pensiones continúan siendo drásticamente recortadas. Se encuentran condenados, en un número indeterminado, al denominado "rebusque", a trashumar por diversas universidades de "garaje" donde son aun más explotados, tratando de asegurar, a través de la narración y el "dictado", su supervivencia física antes que su supervivencia intelectual. Es común escuchar que el prestigio de la Universidad Nacional es sostenido esencialmente por una minoría de mucho compromiso intelectual con ella. Pero también se debe reconocer que a pesar de las escasas inversiones específicas e institucionales en su capacitación a nivel de doctorado, el talento humano de que dispone actualmente la Universidad Nacional se encuentra más cualificado académicamente que en el pasado. Muchos de nuestros profesores no merecen ser estigmatizados tan severa y públicamente por su escasa o ninguna producción académica e investigativa; por el contrario, algunos de ellos merecen ser indemnizados por habérseles negado las condiciones materiales necesarias   para ser más productivos intelectualmente. Las alusiones despóticas que atropellan la dignidad humana de aquellos que "piratean" o que carecen del título de doctorado o de especialidad medico-quirúrgica, están produciendo como reacción la criminalización del título de doctorado, la investigación y los postgrados.    

La Universidad Nacional de Colombia a través de   su historia más que centenaria ha podido construir socialmente un prestigio, el cual se refleja en la imagen que los usuarios tienen de la calidad del servicio educativo que presta. La Universidad Nacional, al igual que cualquier otra institución de educación superior, ha construido su prestigio como resultado de interacciones multidimensionales de su capital económico, social y cultural. Sin excepción, todas las instituciones académicas tienen su historia, su propia historia; han recibido el legado de las generaciones pasadas, de sus mayores, de los que ya no están, han construido el presente y construirán el futuro apoyadas el pasado. De manera incontrovertible la Universidad Nacional, al menos durante los últimos tres lustros, ha venido haciendo cada vez más con el mismo presupuesto. Merece ser premiada antes que castigada. Los indicadores y las estadísticas sobre cobertura y creación de nuevos programas de pregrado y postgrado son inobjetables. En el ámbito nacional es sin duda alguna la más acreditable de las universidades. Los resultados recientes en los ECAES y el número de grupos de investigación reconocidos que posé y las distinciones corrientemente recibidas por varios de sus profesores son muy dicientes. No obstante, llama la atención que los ECAES, señalados por algunos como un instrumento neoliberal que evaluaba el producto y no el proceso, ahora en la batalla que libran por impedir cualquier cambio académico, se convirtieron en el máximo y más contundente indicador de calidad académica de una institución de educación superior, hasta el punto que hay quienes consideran que si aquellos que realizaron la clasificación de las mejores 500 universidades del mundo los hubieran tenido en cuenta, la nuestra se encontraría en un lugar de privilegio en dicho ranking!   No se puede perder de vista que cada vez más el prestigio relativo de una universidad se debe ubicar y entender a nivel transnacional. Es difícil entender que la Universidad Nacional sea la más prestigiosa de la nación, si no lo es al menos de la región latinoamericana, si no se encuentra entre las primeras 500 universidades del mundo. Este concepto transnacional impone que se deban realizar urgentes reformas académicas articuladas a claras y acertadas políticas, lo mismo que a asignaciones presupuestales adicionales que posibiliten el objetivo de posicionar a la Universidad Nacional   entre las primeras de la región.

Por lo anterior, y tomando en consideración que el rector ya abrió el debate público sobre la reforma académica o "revolcón" de la Universidad Nacional, me permito solicitar en forma atenta que el honorable Consejo Superior permita que la comunidad universitaria se pueda vincular a él a través de todos los medios institucionales a su disposición (UN Periódico, UN Radio, página Web, teleconferencias, entre otros). En este propósito solicito que se fije un calendario de eventos ágil y práctico en el cual con la participación central del rector, previas las medidas de seguridad de su integridad física, los profesores y sus representantes puedan participar dentro de un ambiente respetuoso y universitario en un debate previo a cualquier aprobación de la reforma académica y de la reforma estatutaria por parte del máximo organismo de poder de la Universidad Nacional.

Respetuosamente,

ORLANDO   ACOSTA

Representante Profesoral ante el CSU


Edición Diez - Octubre de 2004