Tema:

Reforma académica y experimentos curriculares: reacomodos tácticos


Por: Elkin Alonso Cortés Marín 1
Profesor Universidad Nacional de Colombia
Sede Medellín

 

Presentación

 

En una apretada agenda, so pretexto de la innovación institucional, de manera acelerada   e improvisada se pretende desmontar los criterios generales para la organización de los programas curriculares de pregrado ,   consignados en el acuerdo 14/90. Dicha pretensión con el argumento de   que esos lineamientos no dan preeminencia a la investigación y, por tanto, los reformadores consideran no apropiado o suficiente que la reforma curricular deba tender a mejorar las relaciones existentes entre la investigación, docencia y extensión, producto del desarrollo reciente y deseable de las actividades de investigación y extensión . Todo ello rematado con las   galimatías del 5-1 +1 , me explico, programas de cuatro años adobados con las líneas de profundización como nivel de especialización, ello complementado con una particular visión y topes de los créditos académicos de los diferentes programas curriculares; proscripción de los planes curriculares con bajos aspirantes o matriculados, es decir con baja clientela, utilizando para ello   el ingreso por áreas del conocimiento y ciclo común; sumado a la minimización del trabajo de grado, para   mejorar el indicador de permanencia.

Estas propuestas parecen desconocer que La Universidad Nacional de Colombia, emprendió a partir 1989   la discusión de   una profunda reforma académica, que estableció una   ruta estratégica   mediante el acuerdo antes citado, en la cual se dieron los lineamientos para inducir procesos que transformaran los hábitos de la enseñanza tradicional y se   apropiaran las realidades del entorno nacional e internacional, que ya   en esa época apuntaba   a la internacionalización de la economía. Con ello se esperaba formar unos egresados más comprometidos con la investigación, la tradición escrita y la argumentación racional, abiertos a la interdisciplinariedad; críticos frente al universo económico, político y cultural del país y, con capacidad para insertarse en el ambiente del futuro. Posteriormente, en 1999   de manera colectiva se   forjó el primer Plan Global de Desarrollo, que   dio nuevos rumbos a la institución hacia el logro de sus objetivos misionales, en compromiso con el Estado y la sociedad para formar los lideres del mañana y contribuir a la solución de los múltiples conflictos de diverso orden (productivo, cultural,   político y económico) que afligen a la sociedad colombiana; para ello se   hizo el acopio conceptual   con la estructuración de cinco estrategias: presencia nacional, internacionalización, calidad y pertinencia,   equidad y convivencia y   gestión eficiente, en el marco de diversos campos de acción institucional (CAI) y sus respectivos programas estratégicos (PRES). Todo esto constituyó   un giro radical en la formulación de los planes curriculares -consecuentemente de todas las actividades académicas a ellos asociadas- y   en la construcción de escenarios   prospectivos y proposititos   del desarrollo institucional.

En ese horizonte, el conjunto aparentemente desagregado del nuevo   Plan Global de Desarrollo,   de la reformulación   del Estatuto General y Académico y de los   supuestos cambios curriculares ya anunciados o mejor casi aprobados, tiene como máximo propósito,   no   la innovación institucional   sino una pequeña pero significativa reforma laboral y pensional, la cual verá desfilar profesores con   capacidad productiva o con vida económicamente útil y la   desaparición de la carrera docente. Adelgazamiento de la nómina, de la mano de la concentración del poder y autoridad en cabeza del rector, con la consecuente extinción de los organismos colegiados. Toda esta amalgama de cambios curriculares y académico-administrativos   en su entramado antiacadémico solo dará como resultado   la   postración del primer centro de educación superior pública del país. Es decir, con   estos apresurados e improvisados proyectos   de reforma    se está pavimentando el camino para apostatar   del   decreto 1210, que le asigna particularidades y responsabilidades a nuestra institución;   en un futuro cercano éste será   solo un recuerdo.

Como con las   proyectadas reformas   curriculares se pone en tela de juicio la institucionalidad vigente y un acumulado histórico, es bueno advertir que,   en   referencia a la calidad y pertinencia académica existen orientaciones en forma explícita para abordar   la evaluación y autorregulación de los programas curriculares y de la investigación, de tal manera que se ubique de manifiesto la calidad y la pertinencia académica y social de estas actividades, su desarrollo, sus estrategias de mejoramiento continuo y el planteamiento de nuevos programas. Prueba de ello fue el proceso de autoevaluación , hoy en mala hora liquidado con más pena que gloria. Es natural que acciones de esta naturaleza deban incluir procesos de confrontación y contraste con programas de formación y de investigación similar, nacional y extranjera, en los cuales es posible y conveniente conocer el juicio de pares académicos externos. Pero ello no autoriza para aprobar de manera   apresurada las   propuestas   de reacomodo curricular que tienen como fin debilitar los pregrados.

Ese proceso de identificación de carencias, competencias y potencialidades sólo será posible, si se aborda la autoevaluación-acreditación en el marco de una reforma académica integral, que confronte o apropie el actual marco regulatorio de la educación superior y   no exclusivamente,   las pretensiones rectorales por la supuesta innovación institucional , indudablemente en línea con la revolución educativa de Uribe y los ineludibles   tratados comerciales del TLC y ALCA.   De esa prédica eficientista gubernamental, en particular, cabe destacar el norte y resumen de su   política educativa, la   de pretender o obligar a   hacer más con lo mismo , cuando evidentemente la Universidad Nacional ya lo ha realizado, sin que en los últimos 14 años se tenga aumento de   presupuesto ni   de su planta docente y de empleados, pero si suficiente evidencia del incremento del número de estudiantes,   programas de pregrado y, asombrosamente. los de posgrado; además han crecido el número de publicaciones y grupos de investigación reconocidos. Estos indicadores simples son suficientes para confrontar la tacañería oficial.

De toda esta avalancha   o salto reformador o más bien perturbador, deberíamos develar su génesis. Haciendo memoria a nuestra plaza central el Caballo de Troya con la debida sutileza y anticipación, por presurosos guerreros fue instalado, y   bajo el abrigo de sus entrañas   él (Marco),   que   una vez franqueada la fortaleza, cual Ulises,   partió para   el edificio Uriel Gutiérrez. Ya   allí atrincherado, cual   Josué, ha mandado a sus heraldos a hacer sonar las trompetas y en una sola sección, en vez de las siete que cuenta la historia,   las murallas que protegían -a Jericó- nuestra herencia, nuestra institucionalidad se han derrumbado, más que por la vibración por un acto mágico, que superlativa la exclusión y la   obediencia. Esta supuesta legitimación es la que ha permitido el desarrollo de un conjunto reformatorio de nuestra vida institucional que desdibujará el papel rector de la Universidad Nacional de Colombia, auque no estemos en el ranking de las 500 mejores del mundo, lo cual deberá ser motivo de otro análisis.

Lógicamente, no estamos   ante la presencia de un capitulo más de Revivamos Nuestra Historia, asistimos asombrados y mudos ante el centralismo y la negación de   la participación y   de la deliberación en    los organismos colegiados y, de   la reducción de   la autonomía de las facultades y sedes para desarrollar la normatividad institucional en correspondencia con sus singularidades formativas y los campos disciplinarios o profesionales que intervienen o influencian. Es más, preocupa la pérdida de iniciativa del Consejo Superior Universitario (CSU) para legislar y orientar la institución;   de manera irresponsable y sin control se ha delegado en cabeza del rector el desarrollo del marco normativo institucional. Ese mandato legal, que le asigna la máxima autoridad y gobierno a dicho ente,   ha sido relegado con los poderes casi omnímodos que ha entregado al rector general, el cual diligentemente ha aprovechado.

Resulta un despropósito que cuando, así mismo, nos reclamamos de la diferencia-tolerancia-pluralidad y de la biodiversidad se quieran establecer procesos y cambios homogéneos para lograr lo hegemónico y con ello la concentración no de autoridad sino del poder; una gobernabilidad signada por la exclusión o la indiferencia y no por la concertación como debiera ser en   un ente público, que no se debe a ninguna corriente del pensamiento   en particular.

Con lo   anterior, aunque no   es una   dispensa, estamos   ante   una nueva   expresión más   de la crisis social colombiana. Por ello, es factible admitir que   la crisis    no es producto del azar, ni debe ser mirado con criterio exclusivamente económico. Esta crisis   ha   sido   construida   por   ausencia   de identidad nacional y cultural.   En el contexto de la economía mundial, somos actores pasivos, estamos condicionados por las estrategias planteadas por los países desarrollados. Somos invitados para aceptar, a veces ni siquiera tenemos derecho a discutir las condiciones de la aceptación.

En ese escenario, se hace necesario admitir   que   el modelo globalizante pone de presente nuevos retos y sombras   que, desdibujan el papel soberano   de nuestro sistema de educación superior y   su    papel trascendental en la formación de ciudadanos y en su contribución al desarrollo económico del país y,   a su vez pone   alto riesgo el rol rector de la unal y su proyecto académico-social que representa.

En esa dirección, como integrante significativo de un proyecto de construcción de país está su sistema educativo que debería   permitir   contener o revertir las consecuencias de las negociaciones del TLC y el modelo de desarrollo trazado por el gobierno. Y,   aquí es   necesario reconocer la realidad de nuestro   modelo   de formación-educación colombiano en sus niveles básicos, donde no se ha logrado perfeccionar las habilidades lingüísticas: hablar, escuchar, leer y escribir, que constituyen los principales factores para la construcción de conocimiento, lo cual tampoco resulta mejor en el nivel de la educación superior. Esta evidencia se convierte en   uno de los limitantes   en los procesos de admisión y causal de una competencia   feroz por los pocos cupos ofertados, que deja de lado a más del 90% de los aspirantes. Lo cual esta generando más inequidades ante la falta de oportunidades para el ingreso a una educación de calidad que en general,   oferta la educación superior pública;   circunstancia de la cual hacen buen provecho el multicolor   sistema de educación superior privado.

Y, ante la magnitud del reto, la salida no puede ser, como ya se insinúa, " yo ya me jubilo o me obligan   a ello " o " yo tengo oferta de compromiso académico con otra facultad" o   estoy en comisión de estudios, "el posgrado me reclama" .   Si esa va   a ser nuestra actitud y el miedo obnubila la   razón,   por favor, el último que quede apague la luz . No dudo que estas circunstancias obliguen de manera legítima a buscar refugios, en la bien merecida y anticipada pensión o en el bien ganado prestigio académico.   Pero recordad, no solo está en riesgo nuestro empleo, está es en gran peligro una instituciones y unos programas a los cuales les debemos parte de lo que somos y, el lugar donde estamos, sin con ello desconocer que algo hemos hecho para el merecimiento, algunos más que otros.

Es bueno insistir que para refutar los cambios, con los cuales hoy nos apremia la dirección de la universidad, hay dos elementos rectores: la autoevaluación y el mismo   acuerdo 14.   Ellos permiten la interlocución y   confrontar la   crítica   en el sentido que ese añejo acuerdo se especializó en lineamientos para los pregrados. No   del todo cierto, sus fundamentos y lineamientos conceptuales tienen alcances mayores que hoy se quieren empequeñecer.

 

Se necesita, entonces, un plan curricular formulado a partir de la construcción del campo del conocimiento involucrado en la correspondiente disciplina o profesión, que articule   la racionalidad comunicativa, inevitablemente dialógica, con los procesos de socialización .   Igualmente, se requiere una mayor interacción entre educación como proceso de aprendizaje e investigación como proceso de generación y adaptación de conocimiento. Sin Investigación la educación se convierte en transmisión mecánica y estática de información.

Concretando, ante la apresurada convocatoria debe intentarse responder el interrogante formulado y   enviado por los reformadores: ¿Qué debe ser un pregrado en la sociedad actual?   y   conceptuar sobre: ingreso por áreas del conocimiento y ciclo común, créditos,   la asociación de líneas de profundización y especialización, modalidades de grado y 4+1. Tarea no fácil, pero que parcialmente debe intentarse.

 

Fundamentos de la anterior reforma académica

Para recordar,   la visión general o de principios que inspiró este acuerdo estuvo fundamentada en: responsabilidad social con el país y el Estado y la respectiva rendición de cuentas,   la búsqueda de la   excelencia   y   la necesidad de   integrar docencia, extensión e investigación. Y, en el terreno de lo curricular en: la   formación integral, la pertinencia, la flexibilidad, la   contextualización, la autonomía del   estudiante para construir su propia formación, el rigor en la comunicación verbal-escrita y   optimizar tiempos. Solo la integralidad de la educación permitirá alcanzar tan loables propósitos del crecimiento humano y de aportes más significativos al desarrollo económico-productivo del país. No se   entendería por qué ese conjunto de atributos deberían ser desplazados u   olvidados.

Esa mirada fue complementada con la invitación a la construcción de nuevas modalidades pedagógicas que conducen a: la síntesis,   la reducción en la transmisión de contenido y habilidades aisladas, el rigor en la comunicación dialógica, la evaluación como espacio para el raciocinio no   como instrumento de medición, construcción de   colectivos, debilitar jerarquías y controles explícitos y nuevos contextos de aprendizaje. La desafortunada identificación de las pedagogías intensivas con la simple disminución de horas de clase y de asignaturas es una grave equivocación que deja de lado lo fundamental: la ética del trabajo académico y la pereza mental para apropiar lo nuevo.

Para efectos prácticos esta reforma permitió la circulación de los estudiantes por diversas   universidades, sedes, facultades y planes curriculares -hasta algunos conocieron de experiencias internacionales- utilizando la apertura y ejerciendo la multidisciplinariedad, participar más activamente en la investigación y extensión,   insertarse con mejores herramientas en los posgrados, aprovechar mejor el tiempo en la medida que se redujeron las intensidades de los cursos y el número de asignaturas. Tengo el pleno convencimiento que la reforma explicitada, en el Acuerdo   14,   y   otros   es   una   bien elaborada guía, que permite de manera   autónoma   y   flexible   abordar el problema de Seleccionar, organizar los conocimientos y técnicas ,   para las diferentes profesiones desde miradas   interdisciplinares.

Elemental, después de 14 años muchas cosas han cambiado, pero los principios rectores en que se inspiró dicho cambio académico, aun siguen incólumes. La apuesta es por dar desarrollo creativo a dicha formulación y no darle entierro de tercera. Lo que ha faltado es apropiación crítica de sus postulados y desaprovechamiento negligente de ese   espacio para recrear nuevos escenarios para el conocimiento. Allí están consignados con suficiente claridad la integralidad de la formación, la flexibilidad, la apertura con sus diferentes variables (contextos, electivas,   líneas de profundización y modalidades de grado). Advirtiendo, que donde mayor expresión   de flexibilidad   se alcanza es en las diferentes modalidades de grado, por las cuales el estudiante puede optar. Que desafortunadamente la rigidez mental de muchos profesores no permitió   el ejercicio de todas las posibilidades de trabajo de grado ofertadas, limitándose única y exclusivamente a lo que pomposamente se denomina   investigación, que en un pregrado resulta una pretensión, sin mayor fundamento.

Lo anterior no niega que se deba   realizar una profunda revisión crítica y objetiva de nuestro proceso de formación y, ajustar el modelo educativo a los requerimientos cambiantes de una sociedad dinámica y compleja como la nuestra; tarea parcialmente cumplida con el proceso de autoevaluación. En el anterior sentido, " el currículo adopta formas diferentes según el contexto cultural para el que se diseñe, no se debiera continuar por el camino de currículos homogéneos desconectados de la realidad social regional o local... La transformación curricular no es cambiarle el nombre a las asignaturas, aumentar o disminuir créditos entre áreas, o redistribuir créditos entre asignaturas. Estas son simples reformas en el plan de estudios " 2.   Interesa estar concientes que el currículo va más allá de seleccionar mecánicamente los contenidos y su forma cuadriculada de organizarlos, lo cual implica un conjunto de valoraciones e intereses por los que tenemos que optar .

Es obvio, que "La universidad debe construir un currículo flexible que pueda reaccionar a los avances del conocimiento, la tecnología y a las necesidades de actualización permanente de los profesionales. La universidad es una institución que debe formular la sociedad y reaccionar ante las necesidades de la misma" 3. A ello, también contribuye una integración de los niveles educativos entre sí y de estos con la vida laboral.

Sin dejar de reconocer una verdad irrebatible, que los conocimientos científicos y tecnológicos, difícilmente pueden ser apropiados o incorporados   a los planes curriculares   de la educación superior al mismo ritmo que se producen, en esa medida los conocimientos que se imparten están más referidos al pasado que al presente, más a la historia que al futuro.   Frente a lo anterior, estamos ante la disyuntiva de reinventar las profesiones y las disciplinas en un nuevo contexto. La disposición al cambio implica una universidad al servicio de la creatividad y de la imaginación, y no únicamente al servicio de una estrecha visión profesionalizante.

Para complementar,   profundizar los cambios y   ganar   legitimidad social la Universidad Nacional, en búsqueda de las respuestas a los múltiples interrogantes que se le   plantean al sistema de educación superior y en particular al público, de manera autónoma al diseñar el proceso de   autoevaluación se propuso y comprometió a   llevar a feliz término la valoración crítica y colectiva de todas sus actividades académicas, propias de su responsabilidad: docencia, investigación y extensión; considerando, también la administración y la gestión y el bienestar universitario.   Culminada esa gesta, hoy toda esta faena ha sido abandonada, reposando en el archivo del olvido. Es obligante   rescatar dicho proceso, considerando que esa primera tarea parcialmente está cumplida,   y que es sobre dichas elaboraciones, autocríticas, metas y acciones de mejoramiento que hoy nos debemos disponer al proceso riguroso y metódico de los cambios curriculares pertinentes, partiendo de las luces que nos dan nuestros propios descubrimientos y de los que algunos actores externos hayan señalado.

En ese proceso La Universidad Nacional debe reconocer las necesidades y las posibilidades de la sociedad con criterio académico prospectivo, que incorpore las herramientas que la cultura escrita ha acumulado y que han sido tan útiles a las sociedades más desarrolladas, herramientas cuya posesión diferenciada ha servido para excluir a quienes no tienen acceso a ellas y para legitimar diferencias inaceptables.

De ahí, que la comprensión y la discusión del vínculo entre calidad y pertinencia se hacen especialmente importantes en las circunstancias actuales de la educación superior en el país. Variables que en ningún modo entran en contradicción con una   mayor cobertura y las posibilidades de acceso más amplio, no sólo con la intencionalidad de superar índices y estándares, sino porque   posibilitan   más oportunidades y salvar las inequidades.  

 

Contrastes entre visiones de   reformas académicas

Es claro que la nueva propuesta de reforma académica apunta a establecer una disyuntiva o conflicto entre pre y posgrado o en otra versión demagógica tender el puente entre líneas de profundización y especializaciones, tomando como argumento el poco desarrollo de algunos lineamientos y las interpretaciones interesadas de las intencionalidades del acuerdo 14, donde el pregrado   y la actividad docente saldrán mal libradas. Debe admitirse   que el propósito central de la norma académica de la universidad, expresada en dicho acuerdo, es acercar la docencia y la investigación acercando los modos de relación con el conocimiento de estas dos actividades.   Lo que se pretende es una relación más rica e intensiva con el conocimiento en la convergencio de   los intereses, las motivaciones, los ritmos y las estrategias de trabajo de la docencia y la investigación. Estos sucesos son las que hoy quieren ser desconocidos.

Indudable, el desarrollo institucional implica: definiciones sobre la identidad de la universidad y sobre sus tareas fundamentales, normas, políticas generales relacionadas con la docencia, la investigación y la extensión, organización institucional; bienestar y estrategias para la discusión de propuestas y la construcción de consensos; balance de todos sus programas curriculares de pre y posgrado, incluyendo los procesos de investigación (visiones, líneas, grupos, recursos, producción académica, etc.) que orientan y configuran el trabajo de la comunidad. Igualmente, su proyección social, que circunscribe la enunciación y puesta en práctica de estrategias de impacto social y, la formulación   y realización de proyectos institucionales orientados al análisis   de las acciones de la universidad, en los distintos frentes de orden nacional y universal que,   le permiten reconocimiento e interlocución   con la sociedad. En ese empeño y compromiso   inicia el siglo XXI, hasta que apareció el gran reformador: Marco y, lastimosamente, ese proceso se trunca por   el acelere innovador para estar en obediencia con los dictados gubernamentales.

Y,  lógicamente para lograr este conjunto   de demandas y necesidades se requieren un verdadero replanteo de contenidos, métodos y formas institucionales para favorecer una mayor flexibilidad formativa y capacidad de dar respuestas a los desafíos del desarrollo y de la integración   regional y subregional. Con esta mirada, sí es posible encontrar y construir identidades,   pertinencia y calidad   de la formación universitaria. Infortunadamente, la formación se ubica ligada al afán de inducir transformaciones aceleradas de la sociedad colombiana, como modelo imitativo, frente a las presiones del campo internacional y demandas del mercado.

Un plan curricular flexible puede contribuir a hacer realidad esas interacciones de la formación, de la universidad   con   la sociedad   y las actividades productivas;   puede lograr la   formación integral, que proporcione la actitud   investigativa, la competencia e idoneidad profesional, y la sensibilidad humana, sin caer en el enciclopedismo, la superficialidad, la especialización, o en lo meramente profesionalizante. Por ello se hace necesario promover una formación centrada en los procedimientos a una formación orientada en la fundamentación.   El ciclo de fundamentación está ligado a la formación del espíritu investigativo y a la creación   de una mayor capacidad para razonar y relacionar conceptos,   contextos y problemas disímiles en apariencia; dominio y uso de conceptos, métodos y operaciones en   diverso campos del saber.

Con ese norte la Universidad Nacional reafirma su compromiso académico con la sociedad a través de   su misión   múltiple de   producir cultura, ciencia, tecnología y en su máxima expresión descubrir, rescatar, incrementar los valores propios de la nacionalidad; propender por una formación integral de los seres humanos que les permita reentender, valorar, rescatar y defender su entorno ambiental y su patrimonio cultural y, por encima de todo, ser la pregonera de todos los colombianos, especialmente de aquellos que no tienen quienes los tengan en cuenta. Esta ruta estratégica no debería   ser modificada,   ella sigue siendo pertinente y   de   hecho   teniendo vigencia.

Es propio que el compromiso que exige ser la universidad pública de mayor importancia y trascendencia en el país, y ante la ausencia de un proyecto educativo en Colombia, le impone a la Universidad Nacional el reto de promover y alentar nuevas propuestas frente a las relaciones entre educación y sociedad, el papel de la escuela y la universidad, la formación de los profesores, la docencia universitaria, entre otros aspectos.

Las nuevas propuestas dejan de lado, la situación actual de violencia y de conflicto cultural   que ha obligado a recordar el principio de que la tarea central de la educación es la formación de ciudadanos competentes en su trabajo y solidarios con sus congéneres.   La Universidad Nacional no puede descuidar este aspecto central de su tarea fundamental de construcción de la nacionalidad. El momento actual exige el empleo de la pluralidad de los conocimientos elaborados para construir lenguajes que permitan comprender las contradicciones que vive la sociedad y tender puentes que hagan posible el acuerdo reflexivo y la explicitación creativa de las diferencias.

En contraste, la reforma académica de la Universidad apuntaba a una formación coherente con las exigencias de la cultura académica.    Esta cultura no es sólo un modo de relacionarse con el conocimiento, es una ética del trabajo y de las interacciones sociales. La cultura académica enseña la importancia de conocer la historia de los problemas, la génesis de los conflictos, la utilidad del saber universal en el planteamiento y solución de los problemas.

Innegable que se   requiere, entonces, repensar las actividades académicas que realizamos o   nuestro   ejercicio   docente-pedagógico, las cuales están signadas por una confrontación no socializada, evaluada y direccionada; es decir,   es una   acción-comunicación, ni intencionada, ni consciente. Refleja inercia, nuestra visión e intereses (nuestra subjetividad) no necesariamente ilegítimos. Ese quehacer, conduce a reproducir un modelo curricular y pedagógico que consulte nuestras limitaciones, querencias, temores y que nos proteja de nuestra ignorancia; validamos el currículo oculto, dejando de lado un plan que ponga en primer plano   los objetos y estructuras del conocimiento presentes en la relación enseñanza-aprendizaje, razón de ser de los educadores.

En ese transcurso de transformar la realidad y estar a tono   con la dinámica del conocimiento y de las particularidades de este   país, aun en un mundo global, es necesario hacer un justo balance sobre los procesos de cambio académico ocurridos en los últimos 14 años, tales como los de autoevalución - heteroevaluación - acreditación e implementación del acuerdo 14; sobre el   comportamiento de la demanda de aspirantes y cupos, los niveles de deserción y el   diverso y disperso marco normativo en que discurre el quehacer de la Universidad Nacional; la implantación de las políticas gubernamentales y estatales en materia presupuestal y el nuevo ordenamiento de la educación superior desplegado en: el Plan Nacional de Desarrollo, Revolución Educativa, Referendo, ECAES, políticas de regionalización, Negociación del ALCA y TLC; y en la normalización específica   mediante decretos   y leyes como el Decreto 792/2000 que, inicialmente determinó los requisitos de calidad para los programas de Ingeniería; el 808/2002, sobre el sistema de créditos, que debe ser aplicado para la educación superior; la Ley 749/2003 (educación por ciclos), que establece un nuevo eslabón entre las instituciones que conforman el sistema de educación superior, las Instituciones Técnicas Profesionales, los nuevos garajes. Por último, el Decreto reciente el 2566 que unifica los criterios básicos de calidad que deben cumplir los programas de educación superior, con sus correspondientes resoluciones    que regulan todos   los programas ofertados por el sistema de educación superior colombiano. Lo cual invita a todos los planes curriculares a responder y reestructurar sus contenidos académicos y redefinir sus campos de intervención y   sus objetos   de estudio, ante estas nuevas exigencias.

La diversidad de programas y contextos técnico-productivos y humanistas, puede dificultar su diferenciación en términos de competencias, campos de intervención y de ejercicio profesional, hace urgente la redefinición sobre   la pertinencia y justificación social; igualmente sobre sus campos de intervención o acción, o el objeto de estudio, sus objetivos y su misión. Todo ello,   hace necesario tener una visión de   contexto de la problemática social, política, ambiental y tecnológico-productiva que vive el país.

Pero ese reconocimiento no debe conducir a la aceptación de   la validez de la   ecuación académica que relaciona de manera lineal: Calidad + innovación = 5 -1 + 1+ ingreso por áreas de conocimientos + ciclo común. Pareciera más bien una inecuación o desigualdad para acomodarnos más rápido a las pretensiones que, en materia de educación, proponen los tratados de libre comercio. Aquí, escondida está un pequeña reforma pensional y laboral que dejará varios damnificados, ya que bastará invocar la ley 797 sobre pensiones o el artículo 16 sobre desvinculación del propuesto estatuto académico, que reza:... también podrá aplicarse en aquellos casos que, habiéndose determinado por las instancias competentes la suspensión temporal o definitiva del programa académico......No se encuentre una readscripción.... pertinente . Más claro no canta un gallo. El hilo conductor de todo es fortalecer los posgrados a costa de los pregrados y operar, básicamente con profesores de cátedra, minando la carrera docente.

De la pretensión de que imberbes estudiantes puedan, después de ingresar a la mixtura difusa de áreas del conocimiento y transitar por los estudios generales o ciclo común, escoger autónomamente su opción, solo quedará, ante la escasez   de cupos de un programa en particular,   la reasignación por parte de la misma universidad cual es la carrera que más le conviene. No será, entonces el estudiante el que pueda ejercer ese derecho, esa decisión estará en manos de las autoridades competentes. La apuesta es, entonces dar por terminados los programas con poca demanda de clientes y de ello habrá de dar cuenta el ingreso por áreas del conocimiento y ciclo común . La pertinencia será   solo una entelequia   y todo estará de la mano de los fríos números; la mano invisible del mercado aquí si operará para la asignación, supuestamente eficiente de los recursos. No es, entonces el conjunto de reformas mostrando un paso a una nueva institucionalidad, es una reforma laboral almibarada de grandilocuencia investigativa.

Hoy, bajo el paradigma de la productividad, eficacia,   competitividad y la modernidad, se pretende seducir e inducir a un modelo económico extranjerizante que no consulta nuestras realidades culturales, económicas, técnico-productivas; modelo de desarrollo racionalizado en términos de indicadores macroeconómicos, que no da cuenta del   desarrollo humano y su entorno vital, que no consulta la sostenibilidad productiva en armonía con el medio ambiente y sus recursos naturales. Los dictados del mercado, con su rostro de TLC tienen su presencia y direccionan la gesta universitaria. Pero, inevitablemente, la globalización de la economía es una tendencia que difícilmente se puede eludir, independientemente de la gama de opciones con las que cuenta el país para desarrollar su propia política económica. Esta condición de contexto resulta determinante para construir la visión del aparato productivo de nuestra economía   y del sistema de formación y de ciencia y tecnología que le corresponde.

En esta   cruzada por la internacionalización, predomina el criterio utilitarista de que la formación debe estar orientada al   saber hacer en la vida y no al saber conocer para interpretar y explicar los fenómenos de la naturaleza y de la sociedad. El saber conocer debe modificar la visión del saber hacer en la vida.   Es así como, se pregona de manera desarticulada: hay que ser prácticos, la práctica hace al maestro.   Formar para lo inmediato y para el éxito no da lugar a sueños e ideales.  

Todo proyecto educativo mirando únicamente las tendencias inmediatas del mercado, no puede emprender la tarea de formar los profesionales del futuro, basado en las necesidades de hoy. Asumida esa perspectiva, el reto del educador es   apropiarse de esas nuevas tendencias y consecuentemente, emprender   esa tarea impuesta por la dinámica acelerada de los procesos actuales, una vez que vivimos en un país en plena ruptura del desarrollo   urbano- rural, al mismo tiempo que se procura que   el modelo económico funcione de tal forma, que promueva la competitividad, sustentabilidad y equidad.   Es decisivo admitir que son   múltiples las   opciones y oportunidades que   ofrecen   el desarrollo tecno-científico, que mejoran la manera de producir, organizar, difundir y controlar el saber y acceder al mismo, y en ello debe empeñarse la universidad.

P or tanto, debemos reconocer la urgencia de revisar y transformar, no solo los currículos, sino también, nuestras prácticas cotidianas relacionadas con la actividad académica y su gestión, con el fin de recuperar   el campus como espacio público donde construimos diariamente el sentido de la universidad. Para ello deberíamos reivindicar un trabajo colectivo que se cumplió con la autoevaluación, hoy dejada en el olvido, cuando debería ser el referente mayor . La autoevaluación no es una simple mirada al pasado, es la oportunidad de examinar las tareas relacionadas con la formación integral, que no han sido asumidas con la dedicación y profundidad que se   requiere . En este sentido, es necesario   pactar   reglas de juego aceptadas por toda la comunidad universitaria, para la construcción de acuerdos y compromisos en escenarios legítimos.

De esta manera estaríamos contribuyendo efectivamente a la   construcción de   un modelo propio y evitando el malestar de la globalización .   Esta formación apunta, entonces a   participar en la generación   de   una nueva teoría económica que soporte un innovador modelo de desarrollo,   arraigado   en   las nuevas condiciones y situaciones reales de la sociedad.

Por último, no se intenta   la   defensa   a ultranza de   la reforma Antanas o   reclamar su herencia o recibir la posta, se trata es de hacer ese justo balance de lo que dicho modelo representa o representó, como quieren algunos. Sin hacer esa evaluación, hoy se invita apresuradamente a reconstruir planes curriculares de pregrado con el   objeto de languidecerlos, para dar el salto a la universidad de los posgrados y, así dar cumplimiento a un compromiso de campaña rectoral, infortunadamente consignado, mustiamente en el plan de desarrollo de la universidad.

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1Profesor Titular. Universidad Nacional de Colombia- Sede Medellín. Facultad de Ciencias Agropecuarias. E-mail: [email protected]

2 Galeano Londoño, José R.   Currículo y cultura regional.   En: Alma Mater (Universidad de Antioquia), Medellín: (N°.   487. Abril,   2001); p. 20

3 Kissack, John C.    El Desafío del Conocimiento: Hacia un modelo curricular para el Siglo XXI.


Edición Diez - Octubre de 2004