UpinoN

Udiversidad

¿Es posible hoy hablar de universidad?

Anderson Rocha Buelvas
Estudiante de pregrado. Facultad de Odontología
Línea de Profundización de Salud Pública y Comunitaria

 

¿Universidad? Para sostener este principio, es posible que tengamos que agotar la idea misma de universitas, por supuesto disgregándose en las diferentes disciplinas, ya que todo se resume en que el proceso de las estructuras de trabajo de las múltiples disciplinas paso de un nivel preindustrial al industrial alterando profundamente la misión universitaria y la relación con la practica, ejemplo de ello es esa búsqueda de poner en manos de especialistas un saber técnico por parte de los reformistas que consideran también que en los pregrados se enseña mucho  y que una línea de profundización es un absurdo incoherente, claro esta con las demandas de transnacionales, las cuales no se acogen a una oferta de conocimiento; es por eso que “ello conlleva el riesgo cierto-expresado en muchos curricula- de comprender a la formación científica de un modo hiperespecializado, desdeñando la formación intelectual general de un científico y devaluando la praxis al nivel de una deontología entendida como una conducta decorosa en el ejercicio de la profesión(1). Es muy fácil visualizar que una universidad publica tradicional es la piedra en el zapato de la orientación de un mercado, basado desde luego en un modelo de desarrollo de empobrecimiento y enriquecimiento absoluto que carece  de una propuesta holística donde la concepción de un desarrollo humano a nivel educativo sea equitativo y sostenible, donde sea imprescindible la atención de las potencialidades y capacidades de los individuos, por supuesto con una participación autónoma universitaria muy diferente a la de un ghetto como muchos le llaman, que carece además de un poder político suficiente interdisciplinariamente y transdisciplinariamente científico-intelectual, es decir, no es posible que en una sociedad en sub-desarrollo siga predominando el imaginario colectivo de que la educación es solo para aquellos que visualizan la formación universitaria desde la economía de la educación, porque según debe ser entendida en términos de  inversión y costo, transformándose entonces el capital humano en el sujeto de la educación, cuyo fundamento olvida o atomiza una legislación que concede en materia de educación superior heterogeneidad para la educación publica sin reformas que se presenten como eje divisor publico-privado.

Es necesario caracterizar las diferentes dimensiones en la crisis de la vida universitaria, sin lugar a dudas la de una crisis: a) en la dimensión administrativa, que hace referencia a la crisis presupuestaria por el desprendimiento del Estado frente a su compromiso con el Derecho a la Educación, b) en la dimensión académica que incluye una crisis de organización curricular y de competencias profesionales, lo cual pone en jaque el antiguo modelo de universidad y de su organización interna en relación con la sociedad que en el fondo de la globalización mundializa y monopoliza las formas de producción en el plano educativo que seria posteriormente proveedora de una elite dirigente, c)en la dimensión política, se viene la crisis de participación, autonomía y democracias universitarias, donde se omite el pensamiento Kantiano de que “la universidad es una idea concebida y propuesta para su realización publica, cuyo fundamento es el libre uso de la razón en la construcción de la ciencia”; y una ultima dimensión d) la sociológica y filosófica, que se refiere a la crisis de sentido, de función y adaptación a los imperativos del nuevo mundo que se familiariza con terminologías económicas como el management o análisis de sistema, que planifica, ejecuta y evalúa con métodos diagnósticos usados curiosamente en la Universidad Nacional de Colombia mediante documentos evaluadores de organismos de créditos internacionales; vale la pena mencionar otros términos como la Ecuación costo-beneficio que funciona como un parámetro de rendimiento académico del cual se espera reducir las tasas de repitencia, mediante un plan de estudios reducido que le permite trabajar al estudiante u obtener un préstamo por matriculas aumentadas que limitan al estudiante a cumplir con unos compromisos académico-técnicos con visión laboral sin abordar otros campos del conocimiento y desprovisto de un bienestar estudiantil integral; también hay que mencionar el accountability que “equivale a la capacidad de la universidad para responder ante las demandas del mercado académico mediante la eficiencia de sus servicios”(1), esto soslaya la responsabilidad publica del Estado, pues suponen que la universidad es dueño de una tradición y proyecto y por tanto una universidad sostenible mediante la prestación de servicios que pueden contradecir y disminuir la calidad educativa. Lo mencionado desconoce la tesis del británico Anthony Giddens donde el desarrollo correcto de una universidad es esta capacidad reflexiva que permite a la universidad como institución ir mas allá de lo disciplinario, indagando en intersticios que superan el particularismo corporativo que a su vez produciría interlocutores públicos visionarios de la educación y de sus campos de acción.

Uno de los testimonios del conflicto que enfrentan hoy las universidades publicas es el del Coloquio del Hombre Europeo, auspiciado en Paris en 1997, del cual cabe destacar que:  a) la autonomía del proyecto social y científico puede manifestarse a veces en contra de las practicas democráticas de la misma universidad, creo entender que se refiere a que no hay necesidad de preservar lo existente y rescatar el patrimonio histórico de la universidad, lo cual hace a cualquier proyecto innovador porque lo que reconoce es el pensamiento critico contemporáneo que puede contradecirse con las utopías científicas universalizantes tradicionales en el pensamiento social y político de universidades como la Nacional que posee una orientación dialéctica, b) el principio de igualdad contra el de equidad, cuyo debate ha cambiado desde la generación de la posguerra a la actual, donde no hay un reclamo sobre el ser, el tener y el hacer de los individuos visto desde la discusión de calidad de vida como concepción de sociedad y sujeto que vincula los derechos individuales y colectivos, mostrando la educación un panorama  de cambio paradigmático y global que lleva a la universidad a desfallecer en “fuerza moral que toma cuerpo en reivindicaciones sociales y capacidad transformadora”(2), entonces diríamos que hoy la educación publica pende de un hilo porque “la calidad de vida de las personas no depende únicamente de la existencia de los derechos, sino de qué dotaciones sociales y económicas limitan el ejercicio pleno de los derechos y acceso a los bienes”(2); siendo mas específicos, ejemplo transparente de ello es la garantía mancillada del Derecho a la Educación y la necesidad de una Universidad publica sin saltos cualitativos donde desafortunadamente serán las libertades individuales dentro de la vida universitaria las desarrolladas por “concepciones de vida buena que quieren, siempre que no afecte el ámbito privado de los otros individuos”(2) por aquellos que harán de la educación una prestación de servicio (Palacios, Fayad, Viviescas, Uribe Vélez, etc.) y c) el campo investigativo, al cual se le quiere dar un giro de trescientos sesenta grados cuando se considera que una investigación independiente esta en peores condiciones en cuanto al aumento de producción frente a una investigación aplicada satisfecha de financiación empresarial, de manera que la educación del pueblo que debe garantizar el fortalecimiento de un Estado justo que preserva lo publico se encontraría a futuro dotado de créditos privados, de intereses privados y mezquindad frente a la calidad de la educación y sus egresados.

Puntualicemos a grosso modo; hay problemas que en el caso de que no se suspendiera el acuerdo 037 nos afectaría de todas formas, por ejemplo dentro de lo que Palacios llama "los desafíos del presente" esta el empleo del sistema de créditos que pueden servir para medir el peso de cada asignatura en el trabajo del estudiante, lo que resulta útil de varias maneras. Pero los créditos también pueden tener el propósito condenable planteado en el TLC de facilitar la conversión de la educación superior en una mercancía destinada a ser controlada por las transnacionales del sector, cuya mayor presencia en el país, según los documentos de la reforma, hace parte de "tendencias inevitables" y que incluso si fuesen beneficiosas para “los desafíos presentes” no tomaría en consideración la rigurosidad académica que ha caracterizada la universidad que la hacen un modelo de educación superior y de ethos universitario, aun así tampoco se considera el tiempo invertido por los estudiantes de carreras que sobrepasan los créditos con trabajo independiente y presencial tales como Veterinaria, Medicina y Odontología. Otra justificación denigrante de la reforma con respecto a la escasez de recursos y la precariedad en aumento del recurso físico de la universidad esta inmersas en  frases de pacotilla como las de Palacios: “la UN debe establecer una estrategia para que la financiación de la investigación aumente y sea sostenible”, concluyendo que deberá "encontrar la manera de constituir fondos internos por medio de subsidios cruzados sistemáticos provenientes, por ejemplo, de las actividades de extensión, de excedentes y rendimientos financieros y de la racionalización de la administración", propuesta propia de la educación como negocio “que logra integrar a mucha gente, pero de manera absolutamente desigual: unos con niveles de calidad muy altos, en el caso de la educación de altos precios; otros con niveles medianos, los de más abajo con menos y en el sótano de la estratificación social no habrá acceso, porque la gente no va a poder pagarla. Esto es lo que hace que por definición, y exceptuando las instituciones educativas más costosas, la norma de la educación privada sea la de brindar una calidad inferior a la de la pública. Quizá sea mejor en alguno que otro caso, porque aquí vale la pena advertir también que la educación pública es de mejor calidad no porque tenga que serlo necesariamente, sino porque puede ser mejor financiada. Lo que la hace de mejor calidad es que se financia mejor. Pero esto no puede suceder de manera generalizada en la educación privada, porque no hay definitivamente los recursos suficientes para pagarla” (3). Según Simón Jounes Jerez ya la educación superior no puede ser transmisor solo de alta cultura, formación del carácter, modo de aculturación y de socialización adecuada al desempeño de la dirección de la sociedad sino además debe ser para el trabajo, con actitudes técnicas especializadas y conocimientos utilitarios para responder a las demandas de empleo por supuesto en el marco de un tratado de libre comercio colmado de postmodernidad, la cual solicita que se fuercen de la universidad competencias y no sus ideas, es decir, en la transmisión de saberes se da por hecho que “la diferenciación y la estratificación en el interior del sistema universitario no dejo de alterar el saber como unidad subyacente en la misión y en la forma institucional de la universidad tradicional, pero garantizo, durante algún tiempo, su centralidad en el mundo tecnológico de acelerado cambio” (4), es decir que hay intereses de reformadores que inducen el cambio de la universidad publica para responder “frente a las incertidumbres del mercado de trabajo y de la volatilidad de las formaciones profesionales, que se comienza a considerar una formación cultural sólida y amplia, marcos teóricos y analíticos generales, y una visión global del mundo y de las transformaciones que desarrollen un espíritu creativo, critico de disponibilidad para la innovación, de capacidad de negociación, de trabajo arduo en equipo, que les permita enfrentar con éxito las exigencias sofisticadas del proceso productivo” (4), estos paradigmas tecnológicos son los que anclan en una visión economicista a la educación, considerando en su propuesta de “educación permanente” el enunciado de Hayek de que la ignorancia “es el principal obstáculo para canalizar el esfuerzo de cada individuo de tal suerte que proporcione a los demás los máximos beneficios”, indudablemente respondiendo a criterios e intereses económicos fijados de antemano y para los cuales cada persona es libre de hacer lo que quiere siempre y cuando hagan uso de sus capacidades y recursos dentro de los parámetros utilitaristas y benéficos para una sociedad, entonces, una población instruida enfocada hacia el pensamiento económico de Hayek, Philip Coombs, Mincer, Schultz y Becker existen para una primacía de mercado en la educación donde debemos favorecer la libre competencia con autonomía, debemos favorecer la empresa como modelo eficiente para organizar la producción,  y debemos favorecer un Estado que sirva solo como arbitro de las leyes del mercado y donde la educación debe ser elemental con indicadores de calidad que midan el valor intrínseco del proceso educativo mediante el juego competitivo bajo el amparo de entidades como la UNESCO y la OCDE, siendo estas razones de peso que no nos permiten hablar de Universidad hoy en día.

 


1. Naishtat, Francisco, Garcia Raggio Ana Maria y Villavicencio Susana. Filosofías de la Universidad y conflicto de racionalidades. 1era edición. Buenos Aires-Argentina: Colihue, 2001.

2. Malagón Rafael. Extraído del capitulo V, Repensar las relaciones entre calidad de vida y salud, de “Salud publica hoy”, pp. 209-237.

3. Cano Maria Antonieta. Ensayo “Problemática de la Universidad Nacional”, 2005

 4. Younes Simón. El concepto de la universidad y sus funciones en el siglo XXI. 1era edición. Bogota-Colombia: Ecoe ediciones, 2002