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Junio 8 y 9 de 1954: el inconsútil manto de la impunidad
UN Periódico No.59
Autor: Editorial
Sección: Editorial
Fecha: Junio 20 de 2004


En estos días se conmemoró, quizás con sobrada discreción, medio siglo de los acontecimientos del 8 y 9 de junio de 1954 en los que cayeron asesinados unos diez estudiantes universitarios. Uno, por la Policía en la Ciudad Universitaria de Bogotá, cuando se conmemoraban las "jornadas" del 8 de junio de 1929, y los restantes (con unos 25 heridos a bala fusilera) en el transcurso de una manifestación de protesta en pleno centro capitalino que fue disuelta por el Batallón Colombia, recién llegado de la Guerra de Corea.
Un grupo de diligentes veteranos de la época realizó diversas manifestaciones de duelo y recordación. En la Universidad Nacional, cuyo Consejo Superior se unió al aniversario, se realizaron actos académicos y programas en la emisora universitaria. El diario El Tiempo editorializó en recuerdo de los caídos y reflexionó brevemente sobre su significado.
Los estudiantes de hoy, a diferencia de los de las generaciones que les preceden, poco honran el 8 y 9 de junio. Puede ser que este año la presión de fines de semestre haya opacado la memoria estudiantil en torno a los sucesos de medio siglo atrás y muy pocos sepan siquiera el nombre de Gonzalo Bravo Pérez, el estudiante caído por una bala oficial en una manifestación universitaria en 1929.
Es de mayor interés analizar cómo se erigen y reproducen las manifestaciones de esta memoria colectiva estudiantil. De años atrás lo que "recuerdan" algunos, como los envalentonados paperos con sus armas mortales y sus capuchas, es una supuesta matanza de estudiantes en la Ciudad Universitaria el 16 de mayo de 1984. Era entonces rector el profesor Fernando Sánchez Torres, quien enfrentaba una situación de creciente deterioro que aquel día llevó a feroces combates con un saldo considerable de heridos, al cierre indefinido de la Universidad y a su renuncia.
Hoy como ayer parece existir un sutil consenso nacional de "perdón y olvido" sobre estos acontecimientos. Parece que el país no estuviese maduro para que las Fuerzas Armadas manifiesten contrición por la matanza y para que el poder judicial abra expediente a un episodio que, sin duda, constituye delito de lesa humanidad y es imprescriptible. Preocupa saber que a medio siglo de los acontecimientos los fantasmas de la Guerra Fría tengan el poder de alterar un curso saludable de la democracia: la restauración de la verdad, la reparación a las víctimas y a sus familias, la cauterización de una herida que, quizás desde 1929, ha separado simbólicamente a los estudiantes de la Fuerza Pública.
Y el asunto no es sólo de relaciones entre civiles y militares. En el contexto político de los luctuosos acontecimientos, el gobierno se aprestaba a celebrar el primer aniversario del "golpe de opinión" del 13 de junio de 1953, como calificaron el cuartelazo los jerarcas Liberales de entonces. A mediados de 1954 la táctica Liberal estribaba en ganarse la buena voluntad de Rojas, requisito previo de la preparación de unas elecciones, quizás no muy lejanas, ahora sí bajo el imperio constitucional. Pendientes del nombramiento de Liberales en la Asamblea Constituyente, función dejada a Rojas Pinilla, sus jefes y sus periódicos decidieron solidarizarse con el gobierno a raíz de los sucesos del 8 y 9 de junio.
Los dos directorios políticos acudieron al palacio presidencial y ofrecieron solidaridad y respaldo. La delegación liberal estuvo presidida por Luis López de Mesa, uno de los intelectuales más prestigiosos del Liberalismo y ex rector de la Universidad Nacional. Rojas decretó duelo nacional, prometió una investigación y a los pocos días nombró un coronel en la rectoría de la Universidad. El Tiempo , acusado por los periódicos conservadores de todo el país de haber contribuido a exaltar los ánimos estudiantiles, editorializó (a diferencia de hace unos pocos días) en apoyo del gobierno y, el 22 de junio de 1954, recordó que era "imposible hacer de la noche a la mañana el feliz tránsito de la ignominia en que nos debatíamos a una etapa de cordura, libertad y decoro que ya iniciábamos".
La investigación anunciada por Rojas nunca se llevó a cabo, ni siquiera un remedo. Cuando hubo oportunidad de hacerlo, en 1959, cuando se efectuó el juicio a Rojas Pinilla en el Senado, el asunto fue tapado por las fuerzas frentenacionalistas, y de la maniobra en el Congreso solo queda un registro periodístico de la protesta de algunos representantes del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), encabezados por Mario Latorre Rueda, quien años más tarde sería rector de la Universidad Nacional.
Nos aseguran que hoy estamos en los tiempos de "la victoria de Kant", de la posguerra fría, de la nueva ola mundial democratizadora, de la poderosa restauración de los principios del Derecho Natural -hoy llamado "Derechos Humanos", en su cuarta generación-. Sin embargo, todavía las instituciones colombianas no parecen maduras para cicatrizar las heridas del 8 y 9 de junio, abriéndose confiadamente a la verdad histórica y a la reparación judicial.