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El Mundo Emocional de nuestros estudiantes: entre la sensibilidad, la omnipotencia y la vulnerabilidad

 

Por: Gabriela Rouillon Acosta
Psicóloga
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Los jóvenes que habitan nuestro Campus -desde mi experiencia- parecen ser, por momentos, unos seres que pueden contra todo, se sienten omnipotentes, son héroes o heroínas y nada los detiene; o se sienten tan vulnerables que no pueden sostenerse por sí mismos y, en ese momento, buscan a otros como soporte: profesores, amigos, padres, parejas, profesionales de la Salud, en otras palabras, muchas veces buscan la ayuda de alguien cuando sienten su esfera emocional rebasada de angustia. Ambos estados se transforman cuando estos jóvenes se permiten mirar-se y mirar lo que les duele o lo que les da rabia. Se desnudan en su interior para luego exteriozar lo que les pasa; una investidura que los cubre como caparazón para protegerse de las diversas emociones que los embargan, cede su lugar a sus más intensas emociones y la vulnerabilidad, que creen es la única forma de relacionarse con el mundo, va dejando su espacio al descubrimiento de sus propias fortalezas. Así los conocí en el espacio terapéutico de la División de Salud Estudiantil, en un tiempo recorrido desde 1999 como practicante de psicología hasta el 2005 como Psicóloga, tiempo en el cual  me permití explorar con ellos un camino difícil que se movía entre sus defensas y sus miedos.

Los estudiantes (mujeres y hombres entre 18 y 24 años) población que caracteriza a nuestra Universidad, llegan a solicitar muchas veces por iniciativa propia o por consejo de algún compañero un espacio para ser escuchados. Muchos de ellos cuentan que se demoran en tomar la decisión y exponer lo que les pasa. Sienten que algo les sucede, no saben bien qué es; es un malestar que identifican y que sólo toma forma cuando lo abordan, a pesar de que llegan con temores de des-cubrir emociones que puedan ser intolerables. Por eso, solicitar una cita para ir a Psicología es casi “tomar aire y tener fuerza” para enfrentar lo que les sucede.

Como psicóloga, descubrí que los estudiantes ocupan su mente con imaginarios1 sobre cómo será una cita en psicología. Llegan con varios preconceptos que podrían ser categorizados de la siguiente manera:

Imaginarios psiquiátricos: solo vienen los que están locos, se refieren a que las personas que solicitan la ayuda psicológica tienen que estar viviendo fuera del principio de realidad, en el extralímite de la Salud Mental y haber cruzado las fronteras del contacto con la conciencia, o “usar prozac como medicina de la felicidad” con la fantasía de que la droga puede adormecer sus tristezas, puede mantenerlos en el tiempo de la alegría, y desconectados del contacto con el dolor mental.

Imaginarios psicológicos: no creo que lo que me pasa sea tan grave… de alguna manera muestra cómo por temor a sentirse vulnerables subestiman sus problemas, los psicólogos nos juzgarían… nos comunica el temor de ser criticados y desvalorizados por el otro en relación con su angustia, siento que mis problemas no tienen solución… es ese nadie podrá ayudarlos, fantasía de sentirse siempre en un hoyo negro, sin salida; … los problemas los puedo resolver solo o por consejos de mis amigos se refiere a la dificultad de pedir ayuda a un profesional, un temor que se basa en la fantasía de que nadie entenderá la dimensión de lo que sienten, se abandonan a que su omnipotencia los sostenga, potenciando, por un lado, su capacidad de resolución autónoma y adulta, y por otro, los límites de ésta que se ve en la confianza que sienten hacia sus pares como redes de apoyo por las experiencias compartidas; tienen más problemas los psicólogos que uno, ¿Qué están queriendo comunicar con esto? ¿Tal vez su capacidad de percibir y reflexionar acerca de cómo algunos psicólogos no ha logrado identificar sus propios problemas para poder ayudar a otros? Esto despierta el temor de acudir a ellos y sentirse mas confundidos; esperan que el psicólogo les dé consejos y se quedan callados…, y quiero que me digan qué hacer, expresa la fantasía de esperar que otro les resuelva lo que les pasa. Buscan un camino fácil porque pensar sobre sus problemas es doloroso; los que van al psicólogo no tienen en qué invertir su tiempo, no han logrado valorar el ser escuchados, ya que eso implicaría nuevamente exponer su dolor y enfrentar su vulnerabilidad, involucraría despojarse de su investidura que, en este punto, ya no es útil pues les cierra las posibilidades de pedir ayuda.

Imaginarios médicos: los psicólogos dan terapias a largo plazo y uno necesita una respuesta rápida, este preconcepto da cuenta, por un lado, de sentir que un proceso psicológico se entiende como una cita médica en donde se analizan sus síntomas y como resultado les dan un remedio de cura inmediata, mágico, y por otro -me pregunto- ¿será que esto permite vislumbrar la dificultad de no tolerar la incertidumbre, la frustración y por tanto, el dolor mental que se vive en un proceso psicoterapéutico?

Imaginario económico: es muy caro esta idea que, aunque no deja de ser cierta en el mundo privado, en el contexto de nuestra Universidad, podríamos pensarlo como un mecanismo de defensa, ya que la atención es gratuita2. Se demuestra entonces que el problema está más en el mundo interno que en el mundo externo que les da las opciones.

Los imaginarios descritos pueden verse como limitaciones para acceder a una ayuda psicológica. Para poder pensar estas ideas, comentaré algunos promedios que aunque no son estadísticas formales, nos pueden dar algunos elementos para mirar cuantos estudiantes asisten a psicología. En el año 20053 fueron atendidos aproximadamente 1024 estudiantes en la Consulta de Admisión4; en el 20045 llegaron 957 y en el 20026 1230. Con estos datos podemos atrevernos a decir que de acuerdo con el número de estudiantes que compone nuestra Universidad hay un alto porcentaje que no solicita la ayuda psicológica y podría necesitarla. Seguramente las razones pueden estar sustentadas en los imaginarios expuestos.

Siguiendo esta línea de análisis, veamos la distribución de las consultas por Facultades: en el año 20047 los estudiantes de Ciencias Humanas tienen el primer lugar, Ingeniería el segundo y Ciencias el tercero. Esta distribución se repite en el año 2002. ¿Qué podríamos decir sobre estos datos? No nos sorprende que los estudiantes de Ciencias Humanas se lleven el primer lugar, ya que se supone están más cerca de sus emociones debido a los conocimientos con los que están en contacto, y por tanto, se animan a acceder a su mundo interno, al contrario de los estudiantes de Ciencias o de Ingeniería que uno pensaría que por estar en permanente contacto con conocimientos exactos y precisos les sería más difícil pensar sobre lo que sienten. Pero, estos datos nos dicen también otra cosa. Nos llevan a pensar que algo está cambiando, los estudiantes a los que parece que los meten en una cajita cuadrada, se permiten mirar-se y confrontar lo que les sucede. ¿Qué nos dice la ausencia de las otras Facultades, qué se pondrá en juego, el tipo de conocimiento que se enseña y que oculta el lado humano de la vida, el dolor? ¿Será que las otras Facultades sienten esta ayuda como un lugar terrorífico o siniestro como lo expresan los imaginarios? ¿Será la manifestación de una omnipotencia que obstaculiza? Me parece que son preguntas para pensar y que este artículo se queda corto para desarrollarse.

Ahora, los estudiantes que llegan a terapia –algunos con preconceptos, otros sin ellos- poco a poco van dándole forma al espacio. Los primeros (algunos con preconceptos) van transformando estas ideas por medio del vínculo empático entre terapeuta y paciente que ayuda a construir un lugar para pensar lo que les sucede, y los segundos, (sin preconceptos), llegan con menos resistencias para abordar lo que les pasa. Nos preguntamos en este nivel de análisis por sus expectativas: ¿Qué esperan encontrar aquí? Es una pregunta que cobra sentido cuando ellos hacen parte del espacio terapéutico, es decir, cuando verbalizan el para qué están sentados frente a uno. Estas expectativas potencian el espacio terapéutico y se convierten en la cara opuesta de los imaginarios que pueden limitar el acceso. Es el vínculo que empieza a tener una primera piel compuesta, tanto por lo que los motiva a buscar la ayuda, como por lo que esperan encontrar. Las expectativas podrán enunciarse así: necesito otro punto de vista, más objetivo que el mío, quiero ayudar-me, quiero que me-ayuden, busco alivio, busco re-conocer lo que me pasa. Cualquiera de ellas es una puerta de entrada que va configurando una atmósfera emocional, constituida por lo que el estudiante desea elaborar y encontrar, y por lo que el terapeuta puede ofrecerle un continente de escucha, una actitud atenta y la devolución de significado que le permita elaborar sus conflictos en el período de tiempo que la universidad ofrece8.

También existen otras expectativas que están del lado de los imaginarios expuestos en los primeros párrafos de este escrito y que circulan en este nivel de expectativas frente al proceso terapéutico, y requieren ser comprendidas en el mismo proceso terapéutico: busco cambiar ese dolor por otro, quiero eliminarlo, manifiestan la fantasía de querer curarse sustituyendo un malestar por otro, ya que el que traen es insoportable de contener o desean eliminar mágicamente la incomodidad para que la vida sea más “ligera” porque tolerar lo que les pasa es doloroso. De esta manera, y desde este  momento el proceso comienza a expandirse y a presentar los elementos que se trabajarán en relación a sus problemáticas. 

Así, la atmósfera emocional que se va gestando en los estudiantes que acuden al proceso, es un clima de confianza que logra construirse con el terapeuta, lo cual permite poder desahogarse y pensar sus penas y sus conflictos para luego encontrar salidas que les den un alivio emocional. Esa atmósfera de confianza posibilita que el abanico de motivos o el motivo que llevan al espacio íntimo de la terapia empiece a desplegarse.

Es importante anotar que este amplio grupo etáreo de estudiantes se encuentra en un momento del ciclo vital en el cual intentan volar con sus propias alas; separarse de los padres, satisfacer los deseos de ellos y los propios, empezar una carrera profesional y mantenerse en ella, tolerar la duda para tomar una decisión: frente a su elección de carrera, iniciar sus relaciones de pareja que se proyectan hacia el futuro; consolidar sus grupos de referencia; fortalecer sus relaciones entre pares; cuestionar sus modelos para transformarlos o mantenerlos; salir de sus ciudades de origen a la capital, lo que implica una separación de su núcleo familiar; entrar a una Universidad reconocida que se convierte en un sustituto materno y en donde están la mayor cantidad del tiempo con muchas opciones académicas que al comienzo les son difíciles de elegir y hacer propias. Algunos se sienten apabullados entre tantas posibilidades que los angustia o que potencian sus capacidades. Todas éstas situaciones configuran su mundo relacional y afectivo. Este contexto nos permite pensar en toda la gama de posibles conflictos, encuentros y desencuentros que van apareciendo en el transcurso de su permanencia en la Universidad. ¿Qué los aqueja? ¿Qué problemas son los que llevan a terapia? ¿Qué los lleva a buscar este espacio íntimo? Dentro de los datos recogidos en el 20029, los motivos de consulta más frecuentes son los Estados depresivos (14.7%), luego las dificultades de tipo académico (13.8%), las dificultades en las relaciones de pareja (12.8%), las dificultades en las relaciones familiares (11.1%) y por último las dificultades en las relaciones interpersonales (10.8%). En el 2004, la dificultad en las relaciones interpersonales es el primer motivo (17.5%), le sigue los Estados Depresivos (13.5%), las dificultades en las relaciones familiares (12.9%), dificultades de tipo Académico (12.9%) y las dificultades de pareja (12.2%).

Estos resultados aproximados nos permiten reconocer que nuestros estudiantes pasan por estados de tristeza como el motivo más habitual y que marca su existencia. Este estado mental está lleno de experiencias que deben ser digeridas, y reflejan los duelos por los que atraviesan, duelos de separación, sentimientos de incertidumbre, elaboración de sus propias frustraciones cuando después de ser muy buenos alumnos en el colegio, los resultados académicos no son los esperados, desencuentros amorosos, tristezas del pasado relacionadas con las elaboraciones que hacen de lo que ha sido la pareja parental que se reactivan por la entrada a la Universidad cuando van a construir una relación de pareja y cuando llegan a hacer nuevos vínculos y se dan cuenta que no saben cómo iniciarlas porque ahora son más conscientes del lugar que tiene el otro, pero que en esa elaboración se encuentran con sentimientos contradictorios, ambivalentes que oscilan entre el amor y el odio.

Para finalizar este escrito, pienso que es muy importante tener un espacio terapéutico como éstos en la División de Salud. Se configura como un espacio íntimo en donde los estudiantes pueden pensar sus sentimientos y sus pensamientos en conflicto y en armonía, y en donde se sienten acompañados en su proceso de crecimiento. Los estudiantes que llegan a estos espacios en proporción casi igual entre hombres y mujeres, reconocen su importancia luego de finalizado el proceso, agradecen la posibilidad de ser escuchados y entendidos. Unos son conscientes de lo que lograron en el presente terapéutico y otros lo hacen a posteriori cuando se decanta la experiencia. Recuerdo a un estudiante de 19 años, de la Facultad de Ingeniería que sufría de una depresión muy fuerte. Un año después sin solicitar una cita, me buscó en el consultorio para contarme que había logrado relacionarse mejor con sus amigos y que tenía novia. El rostro y la actitud frente a la vida le habían cambiado. Esta es una experiencia entre muchas para compartir y que mis colegas también han vivido, lo cual es reconfortante. Pero me parece que el talón de Aquiles de la Atención psicológica en la DSE es todavía cómo mostrar la efectividad de la misma, medir estos resultados es difícil y solo queda registrado en la memoria de cada uno, del estudiante y del psicólogo que lo atendió.  La urgencia es seguir pensando cómo establecer un puente de lo que se logra en el espacio terapéutico, como un espacio potencial de crecimiento mental y de construcción de herramientas internas para tolerar los conflictos en el presente y en el futuro, con los resultados académicos y con la manera en que nuestros estudiantes construyen sus relaciones afectivas a nivel interpersonal, de pareja y familiar para seguir evolucionando. Este es el objetivo central de la existencia de estos Programas en la División de Salud Estudiantil.

 

Muchas gracias.

 


1 Esta información fue recogida en una charla que di en el espacio que se denomina “píldoras del a salud” en Agosto del 2003 sobre los Programas en Psicología de la División de Salud Estudiantil.

2 Cuando digo que es gratuita, me refiero a que el dinero que pagan por los servicios de Salud en la DSE hace parte de la matrícula y es mínima. Más bien están subsidiados por la Universidad. El esfuerzo que deben hacer para acceder a solicitar la cita en psicología es ir a las 8am al tercer piso de la DSE y así, tener la posibilidad de ser atendidos.

3 División de Salud Estudiantil. Informe parcial de las Actividades del Programa de atención Psicosocial, 2005.

4 La Consulta de Admisión fue implementada desde el 2001 con el objetivo de construir un espacio de primera escucha, en la que se discrimina que tipo de demanda trae el estudiante para ser remitido a un psicólogo de planta o a uno adscrito (extramural). Los datos que se suministran aquí, no incluyen a los estudiantes que llegan por otros programas, así que es importante decir que la información es parcial y aproximada, por tanto, el número de estudiantes que llegan a psicología es mayor del que se muestra aquí.

5 División de Salud Estudiantil. Informe de Actividades. Programa Psicosocial. Bogota, U.N., 2004.

6 División de Salud Estudiantil. Informe de Actividades. Programas Preventivos y de Promoción de la Salud. Bogota, U,N., 2002.

7 División de Salud Estudiantil. Informe de Actividades. Programas de Atención Psico-social. Bogota, U.N., 2004. En el año 2005 estos datos no están sistematizados hasta la fecha.

8 En este momento la terapia de apoyo que se les ofrece a cada estudiante es de 7 sesiones, aunque existen excepciones según sea el caso a quienes se les brindan sesiones adicionales.  

9 División de Salud Estudiantil. Informe de Actividades. Programas Preventivos y de Promoción de la Salud. Bogota, U,N., 2002.