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Ante el cierre del Hospital de Caldas

Jorge Enrique Robledo
Senador de la Republica

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*Es importante tener este escrito en cuenta para volver sobre la crisis de los hospitales.

 

REAPERTURA Y DEROGATORIA DE LA LEY 100

La orden bárbara de cerrar el Hospital de Caldas no se explica porque no pudiera funcionar bien o por la absoluta falta de recursos para la salud.

La primera causa de su crisis tiene que ver con que tuvo que atender a pérdida a los seiscientos mil caldenses que carecen de todo derecho en salud, costo que no asumió el gobierno nacional como era su deber. Y el gobierno no pagó, entre otras razones, porque tiene dos y medio millones de millones de pesos de la salud invertidos en títulos de tesorería, plata que podría sacar de problemas al Hospital de Caldas y al resto de la red pública hospitalaria del país que también se halla al borde del colapso.
El cierre del Hospital de Caldas también demuestra que los despidos y bajas salariales que les impusieron a sus trabajadores en años anteriores no eran "para salvarlo" porque estos "ganaban mucho", como de manera falaz afirmaron quienes hicieron las reestructuraciones.

El hospital de Caldas se cerró, en últimas, porque así lo determinó el Presidente Álvaro Uribe Vélez, decisión que no debe sorprender a nadie que recuerde que él fue el senador ponente de la Ley 100 de 1993 que impulsara César Gaviria, la cual convirtió el derecho a la salud de los colombianos en un vulgar negocio de la oligarquía financiera nacional y foránea, siguiendo los dictados del Fondo Monetario Internacional. Y también contó en su cierre la alcahuetería del Gobernador de Caldas y el Alcalde de Manizales con el gobierno nacional.

La decisión de reemplazar el Hospital de Caldas por las clínicas de Villa Pilar y Santa Sofía no solo no resuelve bien el problema dado que estas tienen una capacidad instalada inferior. Ella también conducirá a que si atienden a quienes no tienen con qué pagar, terminarán en bancarrota, y si no lo hacen, sufrirán esos compatriotas.

A la gran unidad y movilización que hay que promover por la reapertura del Hospital de Caldas como un ente de carácter público y por los derechos laborales de sus trabajadores hay que agregarle la exigencia de cambiar la Constitución y derogar la Ley 100 de 1993, porque mientras estas privilegien las ganancias de los intermediarios financieros sobre el bienestar de la población seguirá habiendo más muertos y enfermos por su causa que por la violencia de todo tipo que azota al país.Que esto es así lo confirma una verdad que ocultan los neoliberales: Colombia gasta en salud cerca del doble de lo que gastaba antes de la privatización del sector y a pesar de ello veinte millones de colombianos carecen de derechos al respecto, pues una suma inmensa no va a médicos, gastos hospitalarios y drogas sino que con ella se quedan unos pocos, a quienes las normas les otorgan el derecho a cobrarle una especie de peaje a las platas que deben ir a la salud.


 

PUNTOS SOBRE LAS ÍES AL MINISTRO BOTERO


Manizales, 21 de junio de 2004.

En el debate en el Senado sobre el impacto del TLC en el agro, el ministro de Comercio Jorge Humberto Botero hizo algunas afirmaciones que vale la pena comentar.

Que en Colombia haya casi desaparecido el trigo, y que lo mismo pueda decirse de la cebada, no tiene como causa principal su baja productividad sino la desprotección de la que ha sido objeto desde hace décadas, a partir de la Ley 480 de 1954, de exportaciones de "excedentes agrícolas" estadounidenses, desprotección que se acentuó con la apertura. Es obvio que, a diferencia de lo ocurrido con otros productos, los aranceles a las importaciones de trigo y cebada se pusieron en niveles que garantizaran su desaparecimiento. Luego la frase del ministro Botero de "mil y mil gracias" por los subsidios agrícolas extranjeros referida al trigo sí amenaza al resto del agro porque, además, en los restantes casos también puede argumentar, como en el del trigo, que esos subsidios les permiten a los colombianos comprar comida barata, afirmación que niegan los precios del pan, las pastas y la cerveza.

La quiebra del algodón no tuvo como causa principal las plagas, como dijo Botero. Fue tan notoria la decisión de reemplazarlo por el Cotton USA al que tanta propaganda le hacen, que el algodón nacional ni siquiera se incluyó en el Sistema Andino de Franjas de Precios que todavía protege, mediante aranceles relativamente altos, al resto de los productos no tropicales que sobreviven en el país. Y el crecimiento de la ganadería
desde 1990, del que se ufana el ministro, opera en su contra en el debate: la "ganaderización" del agro se explica porque hacia allí se trasladaron -a un refugio de rentabilidad mediocre- buena parte del millón de hectáreas de cultivos temporales que desplazaron las importaciones. Seguramente sea Botero el único colombiano al que le parece una "leyenda negra" la verdad sabida del daño gravísimo que le hizo la apertura al sector agropecuario del país.

Su afirmación de que la crisis cafetera no tiene que ver con las importaciones fue una maniobra de corto vuelo. El café se trajo a colación porque muestra la tragedia de especializar a Colombia en productos tropicales, cuyos precios dependen de las maniobras de todo tipo de las transnacionales, y porque el TLC lo amenaza de varias maneras a las que no se refirió el ministro. Hoy está prohibida la importación de café verde al país, el procesado tiene un arancel de veinte por ciento que se eliminará y Estados Unidos exporta más grano de este tipo que Colombia, a lo que hay que agregarle que podría desaparecer el Fondo Nacional del Café, que explica las exportaciones institucionales y los precios de sustentación a los productores.

Con astucia, Botero puso en duda que se llegará a aranceles de cero por ciento, y para ello habló de "encapsular" algún producto. Pero si ocurriera alguna excepción temporal, ello apenas mostraría cuál será la norma. Y que nadie dude de que si hay alguna exclusión será porque así les conviene, principalmente, a los intereses estadounidenses. Hasta ridícula sonó su afirmación categórica de que el TLC se hará sin revaluación del peso. Porque si algo se sabe es que el precio del dólar no lo fijan las autoridades colombianas sino los especuladores foráneos, como lo confirma lo ocurrido en los últimos años.

Cómo cayó de mal que Botero convirtiera en un chiste flojo la pregunta de por qué mientras Estados Unidos usa la seguridad o la soberanía alimentaria como su principal argumento para defender los 71.269 millones de dólares de respaldo estatal a sus productores agropecuarios, Colombia se niega a hacer suya esa misma tesis para sostener unas ayudas y unos aranceles que apenas representan 1.143 millones de dólares.

Coletilla: el avance del acto legislativo bien denominado Yidis-Teodolindo puso en discusión cómo generar una gran unidad para enfrentar la reelección de Uribe o la elección de uno de sus escuderos. Ya suenan varios candidatos, entre ellos uno de excelentes calidades que promovimos en la última reunión de Alternativa Democrática: Carlos Gaviria Díaz. Pero como no se trata de un pleito personal porque del Presidente nos molesten el sombrero arrugado, la mano en el pecho o la mirada de seminarista con los que disfraza sus propósitos, de lo que debe tratarse es de oponerle a su programa económico y político otro programa, este sí nacionalista y democrático. Bogotá, 18 de junio de 2004.


Septima Edición - Junio de 2004