Debates:

CON DOLOR Y REBELIÓN... Sobre la Reforma Palacios

Santiago Gómez Obando
Estudiante de sexto semestre de Ciencia Política de la Universidad Nacional

Sede Bogotá

 

1. Introducción

El Plan Global de Desarrollo que presentó la administración Palacios a la comunidad universitaria hace pocos días, define a la Universidad Nacional de Colombia como: “Un centro de vida intelectual y cultural abierto a todas las corrientes de pensamiento y todos los sectores sociales, étnicos, regionales y locales” . No obstante, los contenidos implícitos que se encuentran plasmados en dicho plan, no son más que la negación de la premisa anteriormente citada, ya que desde la perspectiva de la nueva administración se privilegia un modelo de universidad empresa, ligada con la demanda que el mercado de trabajo, bienes y servicios requiere de la institución, descontextualizando así, el debate de lo que significa la universidad en el contexto nacional, en la relación con el entorno y consigo misma, a la hora de definir y redefinir –a la luz de un debate intelectual y cultural, y no uno economicista y tecnócrata- el carácter misional de la institución, así como su incidencia en la construcción de lo público a nivel local, regional y nacional.
En este escrito no se va a discutir la forma autoritaria como Palacios pretende imponer los cambios estructurales sobre las distintas comunidades profesorales, estudiantiles y sindicales (a quienes caricaturiza estigmatizándolas con calificativos como “tribus” o “estamentos gremialistas”). Tampoco se problematizará el hecho que un rector desnaturalice la función de los decanos para utilizarlos como entes ministeriales (es decir, obviar el debate, nombrar a su séquito y pedirle cuentas por los cambios que desde arriba se gestan). Mucho menos, vamos analizar el uso abusivo que se hizo de los claustros y colegiaturas en los que participamos estudiantes y profesores en Octubre de 2003, (es evidente la coherencia lineal que existe entre el documento que Palacios presenta para la discusión en este escenario, y el Plan Global de Desarrollo de la Universidad elaborado en la actualidad; lo cual demuestra, que la producción colectiva que se construyó en cada facultad jamás fue tenida en cuenta, ya que simplemente se erigió en un mecanismo formal de legitimación de la propuesta del rector).
Lo que pretende este escrito por lo tanto, es problematizar algunas de las reformas que afectan de manera directa e indirecta, a cada uno de los que hacemos parte de ésta, Nuestra Universidad. Para ello, se toman tres aspectos fundamentales contenidos en el Plan Global de Desarrollo 2004-2006 como son: la reforma académica, las condiciones del actual bienestar universitario y los capitales culturales (su relación con las tasas de deserción, repitencia y graduación), además de la reforma docente y administrativa.


2. La reforma académica

La idea que la Universidad Nacional sea “El Centro Nacional del Postgrado” es loable y si se quiere deseable. El problema que yace implícito en los planes de la actual administración, es que para lograr este fin, se potencia un modelo de universidad en el cual se fortalecen los postgrados en detrimento de la calidad y pertinencia de los pregrados.
En efecto, la idea que tiene Palacios al hacer el tránsito de la universidad “profesional” a la “investigativa”, implica que los pregrados se conviertan en un centro de adquisición y consumo de los conocimientos mínimos requeridos por el mercado de trabajo (que demanda mano de obra medianamente calificada). Lo anterior, es “vendido” a la comunidad académica, bajo una retórica en donde se apela a las categorías movilidad, racionalización, modernización, homologación y flexibilización, como aquellos baluartes que en un contexto cambiante, supuestamente nos permitirán la adaptación necesaria a los desafíos de este nuevo entorno.
Para ello, se apela a la necesidad de “autonomía” y “responsabilidad” que debe caracterizar a cada estudiante, disimulando con esto, el carácter semipresencial, limitado y recortado que caracterizará a los pregrados de la universidad una vez que se instituya el sistema de créditos en el 2005. (Sistema que afecta los tiempos, las formas y los contenidos de los programas que se ofrecen actualmente).
Basta recordar los supuestos con los que parte esta reforma, para observar el criterio de educación mercantilista que se pretende implementar en la universidad de los colombianos. Al respecto, se pronuncia Palacios en su documento “Hacia la innovación institucional en la Universidad Nacional de Colombia”:
“Hoy no se puede ofrecer el ingeniero definitivo, el médico definitivo o el abogado definitivo, como se pretendía hace medio siglo. Todo grado universitario se otorga reconociendo implícitamente un matiz importante de insuficiencia. Todo conocimiento es insuficiente.
Por eso, ante la realidad del desarrollo mundial de la educación continua y de los postgrados, estamos obligados a revalorar las condiciones en que se otorga el título de pregrado. Quizás estemos “enseñando demasiado”, entregando un profesional que supera los requerimientos del mercado y quizás menos preparado para la elasticidad del mundo ocupacional de nuestros días (la negrillas son mías)” .
En lo que atañe al carácter definitivo del título (cualquiera que este sea), es obvio que ningún miembro de la comunidad estudiantil considera que éste sea el principio y fin último de su paso por la vida académica. El problema se presenta, cuando Palacios a partir de la aceptación de esta premisa, deduce que es necesario “racionalizar” el pregrado, para que de esta manera se puedan reducir los costos de los programas, así como su duración y su relación con el contexto (que pasa más por un debate económico que académico). De esta manera, quedan abiertas las puertas para la universidad virtual, la educación continuada y demás formas de educación despersonalizada y flexible, que reducen la calidad educativa de la institución, potenciando así, la aparición de la universidad de garaje dentro de la misma Universidad Nacional.
Así, los problemas de cobertura que actualmente tiene la universidad (sólo el 4% de los estudiantes que acceden a la educación superior en Colombia son admitidos en la UN), se pretenden resolver de la manera más simple y poco conveniente para un país como Colombia, donde se requieren profesionales idóneos y bien preparados, ya que la mayoría de la población no cuenta con los recursos ni el tiempo suficiente, para pisar de nuevo las aulas donde se renueva el conocimiento así como los procesos de actualización de las competencias adquiridas durante cierto tiempo. (Palacios no propone bajar las matrículas de las maestrías y los doctorados, que por otra parte, tienen un costo demasiado elevado para buena parte de la población que no puede acceder a ellos, quedando así sustentada la idea, que son las elites económicas y los “iluminados” intelectuales quienes podrán acceder al conocimiento que se requiere para ser investigador o no tener que desempeñar cargos intermedios en el mercado de trabajo).
La solución por lo tanto, no puede ser mercantilizar el pregrado para fortalecer el postgrado, ya que de esta manera, no se estarían garantizando las condiciones para que los estudiantes que cursan el pregrado en la universidad, puedan continuar su ciclo de estudios en la institución, (se abren las posibilidades para que quienes si cuentan con los recursos económicos provenientes de las universidades privadas, sean quienes demanden y accedan a este tipo de especializaciones). Por lo tanto, ante las actuales condiciones lo que se debe buscar, es que la Universidad Nacional siga siendo el centro profesional e investigativo nacional.
Para esto, es obvio que se requiere un aumento en el presupuesto que actualmente se le concede a la universidad -lo cual evidentemente no es una política de gobierno-, además de fomentar comunidades y grupos investigativos desde el pregrado, para que así, exista un acercamiento a la investigación desde los primeros años de los educandos en la universidad. (Esto no ocurre cuando por ejemplo, Palacios propone la eliminación del trabajo de grado para los programas de pregrado, ya que se constituye en el dispositivo mediante el cual se impide de hecho, cualquier posibilidad o intento de acercamiento a la investigación en esta parte del ciclo educativo).
Otro punto en el cual se evidencia la tendencia economicista de la reforma académica, es en lo relacionado con el proyecto de revisión de la organización de las facultades, unidades académicas y centros de investigación. Al igual que en todos los puntos anteriores, el debate no se estructura tomando en cuenta a la comunidad que construye colectivamente los espacios que van a ser deformados según los designios del rector.
Las medidas de cambio por lo tanto, se piensan tomando como referente de articulación y sentido, cuánto dinero se va ahorrar, cuántos cursos podrán suprimirse, qué tanto se podrán homologar contenidos, cómo se distribuirán los puntos profesorales y demás recursos de poder. Es así como, al obviar la discusión académica se pasa por alto el primer deber de la universidad, como es contribuir al debate y al conocimiento en condiciones de pluralidad y alta posibilidad de participación y aprehensión de la realidad, a partir de formulas no unívocas ni definitivas.

3. Capitales Culturales, Bienestar Universitario y su relación con las tasas de deserción,repitencia y graduación: Factores que afectan la equidad en la UN.

Para justificar los cambios que a nivel académico implementará en el pregrado la administración Palacios, se establece que actualmente existen unas tasas muy altas de deserción, repitencia y permanencia en la universidad, lo cual impide entre otras cosas, que se amplíe la cobertura. Lo anterior se podría decir que es formalmente válido, aunque el problema es que la actual rectoría al denunciar estos resultados comprobados en cifras, no es capaz de observar los dos condicionantes que tal vez inciden de manera más significativa en dichas variables, como son el capital cultural con que cuenta un admitido que se matricula en la universidad, así como las precarias condiciones del bienestar universitario actual.
En lo que atañe al capital cultural, es claro que hoy en la Universidad Nacional no existe una composición homogénea de los conocimientos (ya sean de cultura general o específicos para cada área de estudio) con los que ingresan los admitidos al claustro. Esto es así, porque el contexto en el que se desarrolla la educación básica y media tiene la particularidad de ser asimétrico y excluyente. Además, porque hay estudiantes que cuentan con ventajas comparativas con relación a los demás (como una alta escolarización de los padres por ejemplo), de lo que se desprende, que ante las deficiencias de un sistema educativo en donde se refleja una visión elitista y diferencial de la educación; la universidad -como sujeto activo que es- debe contribuir con la transformación de su entorno, a partir de la implementación de mecanismos de nivelación estudiantil en los primeros semestres del pregrado. De esta manera, es claro que al asumir este tipo de acciones a nivel académico, se fomenta un criterio de equidad aunado a un programa que de manera concreta, ayudaría a reducir significativamente las tasas de repitencia en la universidad.
Como segunda medida, son las actuales condiciones del bienestar universitario (que no son más que la consecuencia del desmonte sistemático que éste ha sufrido a partir de la primera rectoría de Palacios), lo que nos permite observar qué tanto afectan los condicionantes materiales (dinero para la matrícula, el arriendo, la comida, el transporte, las copias, entre otros) al desempeño académico y la deserción de los estudiantes que por obvias razones no culminan sus estudios en la universidad. De esta manera, si existiera un bienestar universitario que diera cuenta de las necesidades de los estudiantes provenientes de las extracciones medias y bajas de la composición social, (es decir, un bienestar universitario que incluyera los elementos materiales y no sólo los académicos, ambientales y recreativos), se estaría interviniendo de manera frontal, en uno de los factores que más influyen en la deserción y repitencia de los estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia, (que como anotamos antes, se debe caracterizar porque de manera efectiva sea pluriclasista y multicultural).
Un último aspecto que atañe a la inequidad en el ingreso a la universidad, se evidencia en la ausencia de un dispositivo que de manera contundente, refleje la composición del tejido socio-económico, cultural y regional dentro de la UN, (caso que no ocurre con otras variables, como por ejemplo el género).
Al respecto de la relación entre ingreso-género-equidad, la actual administración afirma:

“El promedio de mujeres admitidas en los últimos 4 años es de 37% del total. Si se toman como referencia las estadísticas del DANE la población femenina en Colombia corresponde al 51% del total, y la población femenina entre 15 – 24 años (rango de edad para ingreso a la Universidad) es de 49%. En consecuencia, se debería ahondar en las causas de manera que se pudieran contrarrestar los factores que inciden sobre estas. La Universidad debe establecer estrategias que permitan una mayor equidad de género en la admisión de la Universidad que corresponda con la población del país como con la situación social que caracteriza las mujeres colombianas”.
Si se hiciera un análisis similar al presentado por las directivas, pero esta vez relacionando las variables ingreso-pobreza-equidad, donde se estableciera que en los últimos 4 años en promedio sólo el 18.6% de los estudiantes provenientes del estrato cero, uno y dos han sido admitidos, y tomáramos en cuenta que según el DANE veintisiete millones (27.000.000) de personas se pueden considerar por debajo de la línea de pobreza, es claro que la universidad debería ahondar las causas que producen estos altos grados de exclusión, para así establecer estrategias que permitan una mayor equidad social en la admisión de la universidad, (que corresponda con la situación del país así como con la situación social que caracteriza a los colombianos pobres).
Por lo tanto, es la radicalización de la búsqueda de equidad social, cultural y de género, -tanto en el pregrado como en el postgrado-, lo que debe animar nuestras protestas y demandas hacia la administración.

 

4. Reforma docente y administrativa

La reforma docente que se aplicará en la UN, no se puede analizar sino en su relación directa con la reforma académica que se presentó anteriormente. Para ello, es bueno traer a colación, las dos partes en las que se divide la universidad para Palacios: Pregrado y Postgrado.
Es sólo teniendo como referencia el marco anterior, que se pueden observar las dinámicas que se le presentan tanto al profesor-docente (joven doctor que será vinculado por la universidad, para que inicie su ejercicio académico “experimentando” en el pregrado) como al profesor-investigador (hombre académico con una fuerte trayectoria tanto a nivel nacional como internacional, con el suficiente recorrido y bagaje cultural como para merecerse el “honor” de ser maestro de maestros, intelectual entre los intelectuales, ego sobre los egos).
Así, de esta forma, se culmina con el desmantelamiento del pregrado en la UN, ya que, no sólo se implementa una reforma que reduce y desmejora los programas a partir de un criterio mercantil mediante el sistema de créditos; sino que además, se potencia desde lo que se ha denominado el relevo generacional (una vez que buena parte de los mejores maestros de la universidad se pensionen y queden desvinculados en forma total de la institución) la migración de los profesores destacados del pregrado al postgrado (el espacio destinado para la investigación y el desarrollo de comunidades científicas). Por lo tanto, la calidad de la Universidad Nacional de Colombia -de aquí en adelante-, sólo será un bien exclusivo de las maestrías y los doctorados.
Finalmente la reforma administrativa, simplemente será la reducción de la planta propia con la que cuenta hoy la universidad, para así de esta manera, alcanzar 3 objetivos a todas luces significativos para el rector, como son:

1. Debilitar a los grupos sindicalizados

2. Flexibilizar los contratos de trabajo en la universidad

3. Ampliar la venta de servicios a particulares (como se hace hoy con el servicio de aseo y vigilancia en el campus).

 

5. Conclusiones

Las comunidades estudiantiles, profesorales y administrativas que conformamos la Universidad Nacional de Colombia, no podemos estar al margen de los debates y las discusiones que hoy ponen en entredicho el futuro de la universidad de los colombianos. Hoy, como pocas veces, es tan latente una reforma estructural que en nombre de la universidad acaba con ella. Es por esto, que todos aquellos que sentimos y vivimos la universidad a diario, no podemos seguir como espectadores pasivos, observando con dolor y desidia, la función más trágica de nuestra historia reciente.
Es hora de cualificar la discusión de cara a las tempestades y vientos de lucha que se aproximan. Es tiempo de dar ese paso más allá de las pintas y el tropel (un paso más allá no significa borrar las huellas que dejan los otros caminos). Es tiempo de organización y movilización... Es la hora de construir y apropiarnos colectivamente de eso que llamamos: Nuestra Universidad. Es el momento de gritar con las oportunidades ilimitadas que nos brinda la academia y la calle:

“SOMOS UN, SOMOS UN GRITO DE LIBERTAD”.

Es el instante en el que nuestros sueños, dependen solamente del tamaño de nuestras acciones.


Septima Edición - Junio de 2004